Meditación que puedes hacer en cualquier lugar

Esta técnica básica proporciona el punto de entrada perfecto para empezar con la meditación y ayudarle a encontrar la calma donde y cuando lo necesite.

La primera meditación que aprendí fue asimismo la más poderosa. Consistía en sentarse y escuchar la respiración. Tenía 6 años. Mis progenitores son budistas y había escuchado la instrucción de meditación anteriormente. Verdaderamente era tan simple, tanto que un pequeño de 6 años podía hacerlo. Solo debía sentarme con las piernas cruzadas, con la espalda erguida y prestar atención al ciclo básico de la respiración. Me encantó. Mi mente se aclaró. Me sentí libre. En verdad, apuesto que era mejor en ese instante de lo que soy ahora.

Meditación que puedes hacer en cualquier lugar

Meditación que puedes hacer en cualquier lugar

He estado meditando a lo largo de 26 años. En ese tiempo mi vida se ha vuelto más ocupada. Me despierto y los pensamientos en torno a todo lo que debo hacer ese día comienzan a fluir. Hay trabajos y personas que desean mi atención y mis presentaciones. Todo tipo de cosas están rondando por mi mente de un momento a otro. No obstante, sé que en cualquier instante puedo regresar a meditar. Ese simple recordatorio al principio del día me calma.

La respiración es el objeto perfecto de la meditación pues está siempre y en todo momento con nosotros. El aliento es el más auténtico de los amigos pues no nos deja hasta exactamente el mismo instante en que morimos. Si tiene un mal día o bien sencillamente estas sentado en el sofá viendo la TV, la respiración va a estar allá. Debido a que siempre y en todo momento está libre para nosotros, podemos asimismo, tomar el tiempo para llegar a conocerla.

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La manera más fácil de conocer la respiración es pensar un momento. Empiece por tomar un instante para sentir su cuerpo conectando a la tierra. Si estás de pie, dobla las rodillas un tanto. Si está sentado en una silla, ponga los 2 pies de manera firme en el suelo. Si estás en un cojín en el suelo, intenta cruzar las piernas.

Ahora, extiéndase cara arriba mediante su espina dorsal. No es necesario forzar los músculos de la espalda o bien los hombros. Sencillamente relájese con su curvatura esquelética natural. Ponga las palmas en los muslos. pliegue su barbilla tenuemente. Relaje los músculos en su cara, dejando su quijada que cuelgue un poco abierto. Su lengua puede reposar contra el techo de su boca, lo que impide que saliva demasiado de fluir y transformarse en una distracción. Usted puede cerrar los ojos o bien dejarlos abiertos, descansando su mirada sutilmente bajo el horizonte, más o menos de 2 a 4 pies delante.

Tras haber tomado una postura digna mas relajada, atraiga su atención completa a la respiración, la sensación de que se mueve dentro y fuera de su cuerpo. Deje que fluya naturalmente. No manipule la respiración. Relájese con él. En el momento en que te distraes (y lo vas a hacer, es natural), vuelve tu atención a la respiración. Vuelve a ella, una y otra vez. Deja todo lo que estés haciendo ahora, cierre su computadora portátil o bien ponga su teléfono en su bolsillo y pruebe esa práctica por un segundo o bien 2.

Aun con unos pocos minutos puede resultar bastante útil para ser más sosegado y centrado. Esa es la belleza de esta técnica.. nos saca de la cabeza las incontables historias y listas de labores y nos concentramos en el presente, lo que ocurre acá mismo y ahora.

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Cuanto más se llega a conocer la respiración más te das cuenta de su potencial. Cuando empiezas a atemorizarte sobre las fechas de entrega en tu trabajo, el drama de la familia ante tus ojos, o bien la lucha que tienes con tu novio, puedes dejar caer la conversación mental en torno a ese escenario y regresar a la respiración. Cuando prestas atención al acto físico de respirar, te vuelves más pacífico y con más bases. Tu corazón se ralentiza y tus músculos se relajan. Tu presión arterial reduce. Todo esto ocurre gracias a que sencillamente interrumpiste el flujo de tu día y regresaste a esa parte natural de lo que somos.

Aunque es útil hacer esta práctica al menos diez minutos a diario, se puede hacer en cualquier sitio y en cualquier instante. Una cosa que aconsejo en mi libro más reciente, El Buda Pasea en la Oficina, es establecer un temporizador en su teléfono o bien computadora para cada hora. Cierre su computadora portátil. Empuje su silla lejos de su escritorio. Levante su mirada tenuemente bajo el horizonte. Enfoca tu atención en tu aliento. Solo siente la respiración. No trate de evitarlo en lo más mínimo. Solo descansa con su ritmo natural. En determinado instante, tras treinta segundos o bien un minuto, tu mente puede distraerse hasta el punto en el que quieres regresar a tu trabajo. En esta práctica de meditación informal, está bien: regresa a trabajar. Ajuste el temporizador nuevamente a 1 hora y regrese a la labor y notaras que te sentirás más estable y apacible. Cuanto más haces esta práctica, más profunda se vuelve. Si conviertes esta técnica de la meditación en una que realices todos los días, puede cambiar tu vida.